La temperatura es uno de los mayores condicionantes a la hora de plantear como será un invernadero, pues tanto su diseño como el equipamiento del que disponga condicionará la temperatura del interior y como de fácil será controlarla y mantenerla en los niveles óptimos.
Esto es especialmente importante en casos en los que las temperaturas en el exterior del invernadero son incompatibles con los cultivos que tiene el invernadero en su interior, como sucede en Reyholt, Islandia, donde gracias al equipamiento adecuado es posible cultivar tomates todo el año a pesar del clima adverso.
¿Cómo puede llegar a ser demasiado baja la temperatura de un invernadero?
A través de un fenómeno conocido como inversión térmica, un reto común que se debe tener en cuenta al diseñar un invernadero. Se trata de un proceso que se da durante las noches frías, en el que el aire más frio, queda atrapado dentro , provocando que la temperatura del invernadero sea incluso más baja que en exterior, pudiendo llegar a generar en casos extremos heladas internas y problemas en los cultivos.
Aunque a primera vista pudiese parecer que la solución óptima es un sistema de calefacción interno lo cierto es que en este caso una ventilación inteligente puede aportar una mejor solución con un menor coste.
Tanto los sistemas de ventilación pasiva como forzada permiten extraer el aire frio de forma eficiente, evitando la bajada de temperatura que, en combinación con la humedad, puede ser muy perjudicial. Los sistemas de ventilación pasiva como las ventanas cenitales, características de los invernaderos góticos, o las ventanas laterales, permiten la liberación del aire frio de forma natural, por su parte los sistemas de ventilación forzada permiten el intercambio de aire dentro del invernadero de una forma más rápida, utilizados de manera conjunta y ubicados de forma estratégica pueden generar un “efecto chimenea” que regula la temperatura extrayendo rápidamente el aire frio del interior.
La selección correcta del invernadero y la tecnología que incorporará es fundamental para evitar que fenómenos como la inversión térmica afecten de forma fatal a los cultivos.